Cada vez tengo más años y cada vez me gusta más correr. Ya no intento incrementar la velocidad pero sí mantenerme en la distancia. Desde que he descubierto hace dos años la bicicleta, acostumbro a hacer lo que denomino inadecuadamente biatlón, alternando días de 40 kilómetros (34 en bicicleta y 6 corriendo), con otros en los que corro entre 10 y 12 kilómetros. Es una práctica que cada vez me llena y me ocupa más hasta un punto en que cuando viajo acostumbro a llevarme calzado, vestuario, garmin y ipod.

Por más que corra y por más acostumbrado que esté siempre sufro el primer kilómetro y medio. Me supone un verdadero esfuerzo y debo medir el ritmo para no romperme. Una vez superado ya da igual, puedo acelerar, puedo ampliar las distancias y puedo disfrutar del recorrido.

En el recorrido son muchas las ocasiones en que aquellos que nos encontramos nos vamos midiendo, unas veces soy alcanzado y trato de resistirme si puedo, otras soy yo quién trata de alcanzar a otros y acompañarlos o dejarlos atrás. No deja de ser una forma de ir alternando el recorrido. Pero en definitiva no se trata de ir más o menos deprisa, sino de mantener tu ritmo, llegar y disfrutar.

Y este es el camino que en estos tiempos deben llevar muchas empresas franquiciadoras. Los tiempos de crecimiento rápido han finalizado (salvo excepciones). Los negocios deben ser perdurables en el tiempo, asumiendo que sus ritmos de crecimiento inicialmente serán lentos, que en los primeros pasos toca sufrir y que se trata de crecer con solvencia y con la vista puesta en el largo plazo.

Hoy los negocios, de franquicia en particular, deben construirse para ser gestionados en el tiempo y mantenerse de forma equilibrada en el largo plazo sin perder de vista el presente. Ello implica ser coherente con el sistema de franquicia, que no es otro que el que nos permitirá crecer empresarialmente como empresa con nuestros franquiciados y nunca a costa de los mismos. Y para ello nuestros cimientos iniciales deben ser sólidos.

Esta es una carrera de fondo en la que la llegada se encuentra lejana. Si intentamos ir demasiado deprisa en los inicios, seguramente no llegaremos a la meta y tendremos que abandonar en el camino.