Sería injusto no reconocer que en las primeras ocasiones que oí hablar de la cultura low cost en los negocios no despertó en mi gran interés. En un mercado cada vez más exigente el bajo coste –el bajo precio– no me parecía la mejor de las tarjetas de presentación cuando lo que quieren escuchar los consumidores es el “más por menos”.

De las líneas aéreas que pusieron de moda el término pronto se pasó a la alimentación, moda y restauración low cost. Y estudiando con más detalle estas propuestas se identifica ingenio y osadía al ver cómo algunas empresas eran capaces de descarnar sus ofertas hasta reducirlas a la esencia, la que realmente gratifica su uso o consumo.

Con la llegada de la crisis, algunas franquicias detectaron la importancia de llegar al mercado de emprendedores con la misma filosofía de transparencia y simplicidad. Unas con más acierto que otras despojaron sus conceptos de elementos superfluos hasta reducir sus inversiones sin perder atractivo. Y algunos de los que lo hicieron bien llegaron al mercado con una propuesta fresca de no más de 30.000 euros que ha convencido y ofrecido buenas rentabilidades a sus franquiciados, y quizá tengamos en el sector de la belleza y la depilación permanente el mejor ejemplo de lo que esa oportunidad supuso, pero no el único.

Muchos de estos emprendedores nunca habrían podido entrar en el sistema por otra puerta, ya que sus ahorros y capacidad de endeudamiento nunca hubiera soportado la mayoría de las inversiones que implican la franquicia que no es low cost. Ofrecer a todas estas personas, en estos años de crisis cada vez un grupo más numeroso, una propuesta de negocio viable que les reenganche con el mundo profesional ha sido importante, por eso es una buena noticia que en la nueva convocatoria de los Premios de Franquicia de la revista Franquicias Hoy se haya creado una categoría que reconozca la valía públicamente de las franquicias Low Cost.