Por Raúl Alonso

¡Vengo de subidón! Disculpen la expresión pero la verdad es que es muy esperanzador ver cómo la impertinente lluvia de este martes madrileño no ha acobardado a los cientos de autónomos, profesionales y empresarios en ciernes que se han reunido hoy en el SalónMiempresa . Esta iniciativa de Creaventure confirma en esta segunda edición tanto su originalidad como su necesidad. Mi enhorabuena a Sebastien Chartier y su equipo.

El Palacio de Congresos de La Castellana se ha llenado de emprendedores y emprendedoras en busca de herramientas, inversores o personas con las que hacer realidad o afianzar su empresa. Unos proyectos en muchos casos muy tecnológicos que parecen apuntar a ese deseo recordado allí por el ministro Valeriano Gómez, de hacer de la innovación la palanca que impulse ese necesario cambio del modelo productivo español.

Sin embargo, en mi cómoda calidad de observador no deja de sorprenderme un hecho. Muchos de los allí convocados parecían deambular de un lugar a otro sin ningún destino. Puedo asegurar que una buena parte de esos visitantes van a abandonar el recinto sin apenas haber pronunciado un puñado de “buenos días” o tan sólo tras haber solicitado información a alguna de las instituciones u organizaciones participantes, obteniendo unas respuestas que a buen seguro habrían encontrado con más comodidad y reposo en sus páginas webs.

Sorprende que no se vea circular esas tarjetas de presentación con que se llenan los bolsillos de americana y pantalón cuando visitas un acto similar en algún país sajón. Esa constante actitud de compraventa (defensiva en ocasiones, de charlatán en otras) que mantienen muchos de esos emprendedores empobrece y limita su visita. Un foro de estas características debe ofrecernos, además de un intercambio de ideas, la posibilidad de ampliar nuestra agenda de contactos, de colaboradores.

No todas las relaciones del mundo de los negocios se sustentan en el “a ver qué saco” en muchas ocasiones hay que saber dar para luego, quizá, recibir. Se trata de eso que tan gráficamente se define como win-win, y es que en este país nos pierde esa vena fenicia que impide establecer acuerdos más allá de lo estrictamente crematístico. ¡Cuánto nos queda por aprender!

Sin embargo, puedo asegurar que iniciativas como Salón Miempresa o Tormo Franchise Forum van a contribuir a que todos sepamos acercarnos a estos foros desde presupuestos más constructivos, generosos y, a buen seguro, productivos.