Por Raúl Alonso

Leyendo un interesante artículo en Expansión.com me entero de la repercusión que en las redes sociales tuvo un vídeo en el que varios empleados de Dominos Pizza guarreaban en la cocina de uno de sus restaurantes. El vídeo fue clicado una y otra vez hasta alcanzar miles de visitas en Youtube, sin contar el aluvión de comentarios que su visión generó cuyo contenido prefiero no imaginar.

En “No hablarás mal de tu empresa en la red”, que es como se titula este artículo, se explica la falta de reflejos de la compañía, que esperó varios días para contestar en boca de su director general. No hace falta mencionar que cuando la explicación llegó era demasiado tarde.

La duda de esta situación digna de una antología del disparate de la comunicación empresarial está en saber quién tomo la decisión, y quién marcó los tiempos. Pero aún hay más: ¿quién descubrió el vídeo?, ¿cuánto tiempo tardó en dar la voz de alarma?, ¿quién decidió que uno de sus máximos ejecutivos de la compañía debía pasar por el trance de dar una explicación? Imagino esta patata caliente pasando de mano en mano en los departamentos de márketing, dirección general, social media… ¿pero dónde estaba el responsable de comunicación?

No tengo las respuestas a tantas incógnitas, pero sí tengo claro que ejemplos como el descrito ocurren a diario con mayor o menor repercusión mediática. Y seguirá siendo así hasta que las empresas no se conciencien de la importancia de cuidar de su reputación en la red y de poner a profesionales con experiencia y formados en la filosofía de la organización. Ceder a perfiles profesionales becarios la portavocía de unos medios con miles de internautas de audiencia es a todas luces una irresponsabilidad, y no formar y supervisar su trabajo desde las direcciones de marketing y comunicación otra mayor.