Hace años que visito México, en muchas ocasiones coincidiendo con la Feria Internacional de Franquicias (FIF), que cerraba sus puertas este fin de semana. Pese a que en esta 35ª edición no lo he hecho, no he dejado de seguir las noticias que nos llegan de este mercado.

Aunque deba extenderme, considero importante una reflexión que va más allá del hecho puntual de este país y de cómo debería procederse.

Hasta no hace mucho los españoles éramos un referente para las empresas franquiciadoras mexicanas, y sus máximos representantes. El sistema de franquicia española se encontraba muy por encima del de México y cada vez que nos presentábamos éramos acogidos con gran expectación.

Pero en muy corto espacio de tiempo la situación ha cambiado. Hoy el sistema de franquicia mexicano no sólo se encuentra situado muy por encima del nuestro, sino que cada vez presenta una mayor distancia y lo mismo ocurre en otros países y entornos. El resultado inmediato es que nuestra influencia en todo el continente Iberoamericano se diluye. Sus empresas se fortalecen internacionalmente y tal y como el propio ministro consejero para asuntos comerciales de la embajada de Estados Unidos expresa: “la FIF es la más importante de Latinoamérica y la región se ha convertido en un mercado estratégico para EE UU”.

El secreto de la transformación

¿Qué ha ocurrido para que en muy corto espacio de tiempo un país como México haya superado a la franquicia española, y con tanta fortaleza, cuando hace tan poco su sistema de franquicia se situaba muy atrás?

La respuesta es tan sencilla como el hecho de que todo un sector se ha unido formando un frente común apoyado y guiado por el denominado PNF (Programa Nacional de Franquicias). Como en su mismo articulado define, esta iniciativa impulsada desde la Secretaría de Economía del Gobierno mexicano “fue creada para apoyar e impulsar el sector de las franquicias, favorecer la creación de empleos, así como fomentar un mayor dinamismo de la economía mexicana a través de este modelo de negocio”.

Las líneas principales de este plan (PNF) son:

1) Apoyar la creación de nuevas empresas franquiciadoras que favorezcan el desarrollo y dinamismo empresarial del país.

2) Favorecer la entrada de emprendedores y la creación de empleo mediante la incorporación de estos en el sistema de franquicia.

Además presenta un plan real de apoyo a la internacionalización de sus empresas franquiciadoras (como ya lo están haciendo al norte y el sur del continente), y próximamente –tal y como se ha anunciado– se fortalecerá la aceleración de empresas. Es decir, se apostará fuertemente por todas aquellas centrales de franquicia que llevan un tiempo operando, para convertirlas en empresas mucho más sólidas y potentes.

Todo ello dado a conocer a la opinión pública por tierra, mar y aire, dándole al sistema de franquicia el protagonismo y la importancia que se merece.

Además, lo más importante de este plan es que no son ayudas a fondo perdido, puesto que todas ellas se reinvierten de nuevo en la industria de la franquicia.

En términos generales, en cada una de las líneas expuestas se financia el 50% de los importes totales necesarios sin necesidad de garantías. Dichos importes deben devolverse en 36 meses con una tasa de interés al 0% y en los siguientes plazos: primer año 20%, segundo año 40% y tercer año 40%.

El compromiso de la Secretaría de Economía es total y lleva años haciéndolo. También lo es el de un sector unido, como he podido comprobar acudiendo a las asambleas de su asociación presididas en los últimos tiempos por Carlos Roberts, fundador y presidente de El Fogoncito, y actualmente por Diego Elizarrarás, fundador de Todo de Cartón. Ambos son empresarios a quienes conozco personalmente a lo largo del tiempo y que están plenamente volcados no solo en su empresa, sino en el desarrollo de la franquicia en México aunando a todo el sector y teniendo el reconocimiento y consideración del mismo.

Lo que ha logrado México podíamos haberlo conseguido nosotros mucho antes. Los motivos por los que no lo hemos hecho debemos considerarlos y analizarlos para no seguir ignorándolos. Lo que sí es cierto es que debemos salir de la atonía en la que estamos y que podemos hacerlo. Tenemos empresas solventes y suficientes. Tenemos auténticos líderes sin aprovechar y también debemos ser capaces de romper con todo lo que nos ata y condiciona.

El secreto de México ha sido:

  1. Un sector unido y que sabe lo que quiere.
  2. Personas auténticamente involucradas y concienciadas por el bien común.
  3. Una secretaría de Estado que ha sabido dialogar con los empresarios del sector en su conjunto y sin excepciones para ofrecerles lo que estos necesitaban con plena responsabilidad.

Es el momento de que los empresarios de la franquicia española inicien el camino que les corresponde. Es un esfuerzo que no debe quedar en manos de terceros. Es un esfuerzo que requiere el compromiso de todos, pero el resultado bien merece la pena.
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