Por Mario Rubio

De siempre el ser humano ha buscado la felicidad. Ésta depende de muchas variables como el entorno, el estado de quienes le rodean, la familia, el ambiente de trabajo, la situación económica y de una serie de circunstancias ajenas al control del individuo, que hacen difícil la obtención de ésta.
El antídoto a estas circunstancias es la alegría del individuo y su optimismo, además de la capacidad de transmitirlos a su entorno.

En apenas dos semanas he podido asistir a la feria de Expofranquicia de Madrid y a la feria Expofranchise de Lisboa. Ambos encuentros compartían un denominador común: gente con ganas de emprender. Todos con la idea clara de que la receta para superar este entorno adverso es el trabajo y el sacrificio, asumiéndolo con “buena cara” y con el conocimiento de que está en las manos de cada uno de nosotros mejorar la situación económica de los nuestros y general.

La mayor parte de nosotros somos conscientes de la incapacidad de reacción de nuestros gobernantes, más preocupados de las encuestas y lejos de la realidad del entorno social.

No he escuchado ningún político decir alto y claro que la solución está en el esfuerzo, en el trabajo y en el sacrificio. Aquello de la TECA, trabajo, esfuerzo, constancia y amor a lo que se hace, no vende, no da votos.

Lástima que por sus múltiples ocupaciones en buscar reproches al adversario político no hayan tenido tiempo de acudir a alguna de estas ferias y contagiarse del optimismo y entusiasmo por salir adelante creando empleo y riqueza.

Podemos estar tranquilos porque nuestro esfuerzo, alegría y ganas es muy superior al de ellos y el ejemplo es el mundo de la franquicia.