En la escuela nos hablaban del ahorro, de la fábula de la hormiga y la cigarra, de la hucha para el Domund, de la necesidad de compartir, de la solidaridad con el prójimo… Uno de mis recuerdos de la infancia es la hucha del cerdito y las monedas, que simbolizaban el premio al esfuerzo.

Siempre he pensado que no vale pensar que otros tiempos fueron mejores, que antes era más fácil. Son los tiempos que tocan vivir y además, como escuché a un superviviente de un campo de exterminación, “no te quejes porque mañana puede ser peor”. Estoy de acuerdo en no quejarse pero me rebelo a aceptar todo aquello que no está en nuestras manos cambiar.

Nos quieren hacer creer que actuaciones inaceptables o sinsentido, son normales.

Asistimos en el Senado a situaciones en las que entre ciudadanos españoles tenemos que usar traductores porque no nos entendemos, cuando lo que no comprendemos es a la panda de ineficaces que viven del cuento a nuestra costa, como a Presidentes de Comunidades Autónomas con tal despliegue de seguridad que ya quisieran autoridades mucho más relevantes en otros países. Pero existen otras tantas situaciones que están en la mente de todos y que sólo servirían para describir a una gran mayoría de nuestros patéticos gobernantes.

Si aceptamos y adoptamos este espectáculo del Senado, terminaremos creando empleo en nuestras empresas contratando traductores, con sus pertinentes certificados con sellos y tasas, para poder vender y crecer en territorio nacional. Será fantástico cuando vaya a la delegación de Galicia a ver a mi cuñado, que tiene una franquicia, acompañado por un traductor. Y no quiero imaginar cuando comamos en el puerto de Vigo en un restaurante valenciano que hace un arroz con bogavante fantástico y nos entendamos con gestos que también valdrán cuando vayamos al chino.

Tan increíble como esto es la situación de los bancos y especialmente de las Cajas de Ahorros esquilmadas por nuestras autoridades políticas.

Se imaginan ustedes que como autónomo o pequeño empresario, mi ferretería, mi panadería o mi fontanería vaya mal porque sea un mal gestor y que llegue el Gobierno de turno y comparta mis pérdidas con el resto de ciudadanos y todos tengamos que aceptarlo como un perverso sentido de la solidaridad.

Hace unos días he asistido esperpéntico a la renovación de una póliza hipotecaria por parte de La Caixa, hemos oído muchas veces que los bancos siempre son unos desvergonzados, que te quitan el paraguas cuando llueve. Su comportamiento con el cliente es el mismo que tienen los guías de viaje en países tercermundistas ante situaciones de peligro o indefensión del viajero.

En esas situaciones vienen a mi memoria los recuerdos de la infancia, de la hucha del cerdito, e imagino al guía y en este caso al banco, agitándote e intentando sacar todas las monedas y billetes posibles, quedándose con tus ahorros.

El director de sucursal ante tamaño atropello se escuda en el jefe de zona, en frases como “me han quitado atribuciones”. Y mientras, seguimos impasibles aceptando estos atropellos.

Renuncio a aprobar estas situaciones como normales, no acepto que se cierren pequeños y medianos negocios mientras nuestros dirigentes y entidades nos estrujan para tapar su pésima gestión y el gobierno les da nuestro dinero.

Hablemos en público claramente sin tapujos de los bancos y cajas que tengan comportamientos impresentables.

Yo ya tiro la primera piedra con nombre.

Lo maravilloso de la vida es que todos los días amanece, que te presta la oportunidad de vivirla y disfrutarla, y que nuestra ilusión y trabajo supera esas adversidades que crecen nuestros negocios y que pensamos ser felices y comer perdices.