Por Mario Rubio

Llega el verano, el calor y es tiempo de mirar el perchero de los afortunados que tenemos trabajo y despacho. Nuestra vida es como un perchero, desde pequeños nos cuelgan obligaciones y de mayores se nos cuelgan otras sin saber por qué.

Algunos hasta se las crean. Es habitual convertir un teórico momento de disfrute o lúdico, en obligación y falsa tradición o costumbre.

Escuchas disparates como “nosotros empezamos las vacaciones yendo a comer al restaurante fulanito, aunque los últimos años ha bajado de calidad”. Por cortesía no le haces mención a lo bobo que es, por continuar yendo a un lugar que baja la calidad y lo que es peor por crearse obligaciones y cargar su perchero innecesariamente.

¿Quién no se casa y acostumbra a ir a casa de los suegros a comer los sábados? Hasta que un día desaparece la obligación y alivia su perchero de pesos innecesarios. Al mismo tiempo siente un alivio difícil de explicar.

Cuando realizas una marcha, un largo paseo, revisas tu equipaje para evitar
cargar innecesariamente, pero en la vida cotidiana cargamos con obligaciones
superfluas e innecesarias.

En verano nos desnudamos, aligeramos nuestra ropa, y es un buen momento para
mirar el perchero de la vida.

Algunas perchas son difíciles de aligerar, familia, religión, hipoteca,… pero las laborales están en nuestras manos y sobre todo es tiempo de reflexión y mejoras.

Es un buen momento para reflexionar sobre nuestro entorno laboral, para planificar nuestro futuro, y si de verdad quiero emprender, ser emprendedor, desarrollar un plan de trabajo.

Leonard Cohen, premio príncipe de Asturias, decía ” nunca des por bueno algo que puedes mejorar”.

Es un buen momento para parar nuestro mundo conscientemente, salir de él para mejorarte y mejorarlo, y poder moverte y moverlo mejor. Aliviemos nuestro perchero, planifiquemos nuestro futuro, y “Señor líbrame de las aguas mansas que de las fuertes me librare yo”.