Nos encontramos en tiempos complejos que exigen nuevas iniciativas empresariales.

Hay un dicho del que me he apropiado y que expresa la situación actual: “Hoy tenemos que trabajar mucho más para conseguir bastante menos”, y este es el contexto que nos ha tocado vivir desde nuestras empresas.

Como consecuencia de este nuevo entorno tenemos que ser más eficientes, más flexibles y más innovadores. Y es precisamente en este último apartado, el de la innovación, al que voy a referirme.

Porque de un tiempo a esta parte se está confundiendo por parte de muchas empresas “las ideas” y “las copias” con la innovación empresarial. Trataré de explicarme con brevedad. Cualquier idea que tengamos, por brillante que sea, no deja de ser lo que es: una idea. La innovación supone mucho más: debe estar estructurada (con personal dedicado), planificada (integrada en nuestra estrategia) y dotada con recursos (presupuesto, medios y personas). Lo contrario no supone más que un alto coste de oportunidad, un fuerte desgaste de energías y un “desposicionamiento” de la empresa en el mercado.

Es cierto que en ocasiones se lanzan al mercado nuevas iniciativas que no encuentran la respuesta esperada y debe variarse la estrategia hacia otras diferentes. Pero cada una de ellas debe ser estructurada desde los inicios, es decir con personal a cargo, planificada con anterioridad, ser congruente con la estrategia general de la empresa y estar dotada presupuestariamente. Puede intensificarse en mayor o menor medida lo expuesto, pero no debe ser obviado.

La realidad es que se observan en el mercado, por parte de demasiadas empresas, muchas “ideas”, y también muchas “copias de ideas”, hacia movimientos de los competidores, sin tener la base ni el conocimiento de los mismos.

No soy defensor de las copias, prefiero entender que cada empresa debe encontrar su espacio y ser capaz de diferenciarse en el mercado por sí misma, pero en última instancia copiar no es malo, siempre y cuando encaje en la estrategia particular de la propia empresa y se articulan los medios oportunos.

Dicho esto, lo que se suele observar es la “idea” o la copia sin más, y así va. Porque la copia por la copia sólo desprestigia a quien la realiza. La innovación debe siempre responder a una estrategia empresarial y articularse como hemos citado. Si ésta la desarrollamos y la integramos en nuestra estrategia, adelante. Si sólo la copiamos estamos perdiendo un valioso tiempo.

Son demasiadas las ocasiones en que las empresas no dejan de anunciar “ideas” vacias de contenido, al igual que lo hacen las muchas administraciones locales que nos toca soportar, con sus múltiples anuncios que ya no engañan ni seducen a nadie, y que son sólo eso: anuncios vacios.

El resultado: una queja preocupante por los escasos resultados que se obtienen.
No es de extrañar.