Este es el primero de una serie de artículos que iremos presentando periódicamente y que están principalmente dirigidos a todos aquellos empresarios y propietarios de negocios que quieren crecer a través del sistema de franquicia. 

Mi visión de la franquicia.

Este es un sector al que pertenezco y con el que me siento plenamente identificado. Me inicié en el mismo, en el año 1993, en parte por vocación y en parte, por casualidad, como suele suceder en muchas ocasiones. Desde entonces y hasta ahora no he dejado de pertenecer al mismo.

Son muchos los empresarios que he podido conocer desde sus momentos de inicio, algunos de ellos con más voluntad que recursos, y es de verdad, ilusionante, haber podido compartir su éxito en el devenir del tiempo. Porque este es uno de los pocos sectores que ofrece verdaderas oportunidades a todo tipo de empresarios y en el que es posible levantar grandes empresas partiendo de poco o de muy poco cuando hay una visión empresarial seria, trabajo continuado y esfuerzo.

Si tuviera que destacar lo más apasionante de la franquicia, me es difícil responder con concreción, pero poder ver convertidos en realidad el desarrollo de múltiples proyectos de crecimiento empresarial, el contacto directo con sus fundadores y la participación activa de nuestra empresa en los mismos desde una fase inicial, nos da una perspectiva que en pocos ámbitos se puede conseguir.

Ética empresarial y franquicia.

Dicho esto, este es un sistema de hacer negocios y como tal, hay que entenderlo. El objetivo de toda empresa que opera en este ámbito o quiere acceder al mismo desde la óptica del empresario, el emprendedor, el inversor y las propias empresas de servicios es y debe ser, generar los máximos beneficios posibles dentro de una estricta ética empresarial. Y en este sistema, la ética empresarial debe primar en el espíritu de sus empresarios por encima de cualquier otro sector. Porque en la franquicia, mucho más allá de hacer negocios, debemos compartir confianza y tenemos la obligación moral de hacer las cosas como se debe. Directa e indirectamente no podemos sustraernos a nuestra responsabilidad sobre las inversiones, no sólo de dinero, sino también de esfuerzo, de trabajo de sacrificio e ilusión de aquellos que van a confiar en nosotros. Nuestra obligación como empresarios en franquicia no es aceptar a quien tenga los recursos y no tenga capacidades, pues el resultado final será la pérdida de su patrimonio y una gran distorsión de tiempo, a la vez que un elevado coste de oportunidad. Si como empresa decidimos ser franquiciadores, debemos ser responsables indirectamente del buen fin de nuestros asociados.

Crecer empresarialmente

En cualquier caso y como comentaba, franquiciar no deja de ser una forma de hacer negocios en sí misma pero es, principalmente y al mismo tiempo, una fórmula de crecimiento empresarial. Ante esta premisa, las empresas que deciden franquiciar, obtienen su rentabilidad en la medida en que crecen y expanden sus redes según los ritmos de crecimiento adecuados a sus propios objetivos y necesidades. No obstante, existen diferentes etapas en la evolución de cada cadena, siendo la más crítica, la fase inicial, pues es donde una empresa se juega el ser o no ser. Pero nunca debemos confundir crecer empresarialmente a través de la franquicia, incorporando franquiciados como parte de nuestra estrategia, a todo lo contrario, que es, conseguir franquiciados como una forma de hacer negocio y como toda la finalidad en sí misma.

La franquicia ha cambiado en estos tiempos. Su esencia sigue siendo la misma, pero existen cambios fundamentales que afectan a todas las empresas en un marco de mayor competencia y concurrencia que es especialmente sensible al marketing y a las nuevas tecnologías. Ello exige que los pasos deben darse adecuadamente desde el principio y no puede planificarse de forma desordenada el hecho de franquiciar.

En muchas ocasiones he expresado públicamente, y lo sigo manteniendo, que si hacemos las cosas correctamente, el éxito está asegurado, pero debemos hacerlo bien desde los inicios. En estos momentos debe primar el beneficio por unidad de negocio frente al beneficio por crecimientos acelerados, que por otro lado son difícilmente posibles, y ello exige un cambio radical en las propias estructuras de las centrales de franquicia, en la visión del negocio y en la estrategia de marketing.

Cambia también la forma de introducirse en el mercado. La propia gestión de las redes de franquicia que obliga a las nuevas empresas franquiciadoras hoy, más que nunca, a dar el paso de convertir escalonadamente desde los inicios, lo que hasta ahora eran principalmente empresas comerciales, se convierten en auténticas organizaciones empresariales. También cambia el mercado de capitales; al igual que en otros países, adquiere un valor nuevo a través de la figura de inversores individuales o especializados, y aparecen nuevas figuras que veremos en muy poco tiempo, y para las que tienen que estar preparadas las empresas.

Los aspectos donde deben prestar una mayor atención las nuevas empresas franquiciadoras, es fundamentalmente, en su organización en la parte inicial, y en el inicio de su desarrollo empresarial; aspectos estos que iremos desarrollando en los próximos artículos.

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