Por Josan García

Imaginad que sois un potencial franquiciado cuya inversión ( la de verdad, la de fondos propios, no la financiada), ya está pensada en vuestra mente y que ya tenéis pensado más o menos el concepto y el día que queréis abrir. Y luego imaginad que por el camino os van planteando requerimientos nuevos que suben el coste de la inversión y que alargan el plazo de la apertura, ( que es el momento en que después de gastar toneladas de dinero, empiezas a generarlo).

¿Creéis que es una buena forma de empezar?.

Con independencia de que para cualquier franquiciador y su control interno es bueno tener un track o una secuencia de acciones dirigidas a gestionar correctamente la entrada del candidato en la enseña, la realidad es que la secuencia de las diferentes etapas de un proceso enseñada en su inicio al candidato hace que lo que va a suceder sea previsible para él, eliminando una incertidumbre poco generadora de confianza para quién va a invertir su capital y esperanzas en un concepto de negocio de franquicia que se basa en los “procesos”, ( porque franquicia, son procesos) por lo que lo normal es que sus gestores lo tengan “todo previsto” en un proceso de entrada en la franquicia desde el contacto inicial hasta el ticket núm 1.

Un proceso de entrada en una franquicia debe ser algo tasado y previsto en acciones, tiempos y dinero de inversión inicial, y de todo ello debe ser informado el candidato nada más empezar. eso tranquiliza y genera confianza a quién va a invertir sus esperanzas y dinero, y además ayuda al franquiciador a ordenarse internamente y a ser eficiente en los recursos que usa en expansión.

Lo contrario es un mal comienzo que ni genera confianza, ni genera comunidad, dos cosas necesarias en una buena cultura de franquicia. Y sobretodo suele ser semilla de conflictos futuros.

De cómo y qué cosas debe tener ese modelo hablamos otro día. :)