Los tiempos son los que son. Pero ello no debe ser la excusa para que todo valga.

Observo con preocupación la aparición creciente de empresas que inician su presencia en la franquicia sin tener los condicionantes mínimos necesarios para poder triunfar. Suelen ser empresas poco sólidas, escasamente profesionalizadas y con escasos o nulos atributos en su pequeño espacio de actividad.

Debemos su presencia, me atrevo a expresar poco afortunada, a las promesas de determinados consultores, freelances y profesionales carentes de la disciplina necesaria y que por necesidad de supervivencia prometen incontables establecimientos franquiciados y garantías de apertura con su inestimable colaboración y que nunca se producen como es natural.

Quede claro que nunca me he opuesto a la escasez de recursos de una empresa en sus fases iniciales siempre y cuando sus cimientos sean sólidos. Me opongo abierta y públicamente a intentar obtener recursos de terceros cuando la propia actividad empresarial es intrascendente, y por sí misma no es capaz de generarlos, como es el hecho que nos ocupa.

Alguien debería tratar de establecer un mínimo orden.

Todos los que estamos en el sistema somos conocedores de lo que expongo. Si no que se lo pregunten a entidades financieras, administraciones, inversores, proveedores y muchos más. Estas empresas y quienes propician su presencia en franquicia están generando un efecto negativo hacia todo el sistema que gradualmente le resta credibilidad y fortaleza.

En relación a las falsas promesas he expresado públicamente en diferentes ocasiones la dificultad de la propia empresa en conocer lo que va a conseguir al final del ejercicio. Si esto es así, es imposible prometer a una empresa externa lo que va a conseguir. Claro está que si la empresa apenas tiene recursos y necesita generar ingresos para amortizar unos pagos iniciales, pues se le promete lo que haga falta y así estamos…

En Expofranquicia nos vemos.