Por Eduardo A. Tormo

Sí, es posible. Y es posible con el compromiso de todas las partes.

Pero antes de exponer este razonamiento debe repetirse que la franquicia es uno de los sistemas que mejor favorecen la creación de empresas y apoyan directamente la generación y consolidación de emprendedores. La franquicia es también el sistema que mayores garantías da en la creación de empresas.

Mientras, los datos de diferentes estudios afirman que tan sólo un escaso 30% de las nuevas empresas que se crean en nuestro país alcanzan los cinco años de vida y menos de un 10% logra superar los diez años, en las empresas creadas bajo el sistema de franquicia su mortalidad es inferior al 10% pasados los cinco primeros años.
A ello debe añadirse que un porcentaje superior al 70% de los trabajadores desarrollan su profesión en pymes. Y esto no sólo ocurre en nuestro país, sino que es fácilmente constatable en todos y cada uno de los países en que la franquicia está presente siendo asimismo uno de los sectores de más rápido desarrollo en los últimos años.

Pero volviendo al inicio. Sí, es posible crear 50.000 empleos en tres años con el compromiso de todas las partes. Y todas las partes son: los propios emprendedores, las empresas franquiciadoras y la Administración.

La propuesta que lanzo es la aportación de un fondo de 100 millones de euros anuales durante tres años al sistema de franquicia. La aplicación del mismo debe ser sin intereses, con carencia entre 6 y 12 meses y garantizándolo mediante pignoración de las propias acciones de las nuevas sociedades creadas.

Estos 100 millones de euros anuales están calculados en base a una inversión total media de 90.000 euros por cada nueva empresa creada (también pueden crearse por inversiones inferiores, lo que es igual a más empleos) en la que cada parte aporta un tercio. El emprendedor debe disponer unos recursos mínimos para invertir equivalentes a una tercera parte del total. La empresa franquiciadora debe realizar un esfuerzo en reducir sus ingresos iniciales y ajustar la inversión en una cantidad de 30.000 euros y la misma cantidad es aportada por las Administraciones Públicas a través de los entes o entidades concertadas.

El resultado final es la creación de 50.000 nuevos empleos directos en tres años. Pero incluso más allá de esta cifra se crean y consolidan empleos indirectos y al mismo tiempo se dinamiza un tejido empresarial mucho más sólido y productivo.

¿300 millones de euros, 100 millones anuales, garantizados por las propias empresas es mucho dinero o es poco?. La verdad es que comparados con las cifras que se manejan en inversiones poco productivas deben ser totalmente asumibles.

Imaginemos que llegamos a una de nuestras Comunidades Autónomas, la que elijamos, con un sonoro proyecto internacional donde emplazar una fábrica con las últimas tecnologías (que desconocemos todos) y valoramos diferentes opciones. La respuesta es que tendremos todo tipo de facilidades, exenciones y subvenciones. Es más, cuando mañana nuestra maravillosa fábrica y su tecnología no rindan lo esperado, ni sean tan maravillosas, pondremos en peligro 100 empleos que se quedaran en la calle. Podemos imaginar las cantidades que han sido entregadas a tan maravillosos gestores para sostener 100 ó 150 empleos sin solución de continuidad.

No quiero expresar ni soy quién para manifestar mi aprobación o no a dichas ayudas. No obstante, sí defiendo el hecho de que una solución en la vía de los términos expuestos es fácilmente factible para el sistema de franquicia. No es a fondo perdido. Todas las partes arriesgan, el emprendedor con su patrimonio y con su esfuerzo. El franquiciador con su ajuste. Y la Administración posibilitando la creación de empleo estable a largo plazo y el tejido productivo.

Y cuando todos arriesgan las garantías de éxito son evidentes.