Hoy se ha reunido el subdirector general de emprendedores de la Comunidad de Madrid, Joaquín Velázquez, con representantes de Telefónica, Repsol y BBVA para proponer la creación de un consejo del emprendimiento en la región.

Tenemos sus declaraciones, la repercusión mediática y la inevitable foto como otras muchas más de múltiples ideas, anuncios y más y más fotos. Honestamente, el emprendimiento no nos llegará desde tan elevadas alturas. El emprendimiento es algo que se forja desde las bases y se potencia hacia arriba. No requiere fotos, anuncios, ni grandes padrinos testimoniales. Y cuando surge, el único apoyo que requiere es que se eliminen los obstáculos, o dicho de otra forma las administraciones, entidades y organismos a su servicio, y no a la inversa.

¿Qué ha sido de la franquicia hasta ahora?

Demasiadas fotos, demasiados anuncios y excesivo protagonismo de quien o quienes deberían estar trabajando al servicio del sector y de sus empresarios y no creando una reputación personal a costa del mismo.

Seamos claros, la franquicia necesita hoy un revulsivo y quienes tienen que darlo son los empresarios como ejemplo y protagonistas de una nueva forma de crecer empresarialmente. Los empresarios son los protagonistas, no las asociaciones o en este caso la asociación.

¿Cómo trabajan en otros sectores las asociaciones? Pues sobre todo, en silencio y con resultados. Sus gerentes se ponen a disposición de las necesidades de sus empresas y sus múltiples comités. Los anuncios de sus logros nunca son presentados por sus gerentes, son presentados por sus empresarios y la relevancia de un sector se mide desde el plano asociativo, por la calidad y capacidad de la suma de sus empresarios en sus diferentes intervenciones públicas.

Conocemos algún logro real (no figurado) de la franquicia en el ámbito asociativo presentado por sus empresarios y atribuido al esfuerzo común, o por contra, estamos cayendo en la dejación de abandonar por inercia en manos de uno u otro gerente el peso y el protagonismo que no le corresponde y que estamos pagando con nuestras cuotas.

Porque si hay un hecho relevante, este es que el carisma de un empresario (pequeño o grande) no puede ser sustituido por quién no lo es. Como empresarios, delegamos el trabajo que no podemos hacer en la figura de un gerente de la asociación que hemos creado, al que pagamos a través de cuotas para que haga aquello que queremos lograr de forma colectiva. Y no hay más. Sus apariciones públicas escasas o nulas y sólo bajo nuestras indicaciones y directrices, todo lo contrario de lo actual.

Particularmente este sector se encuentra en un momento de inflexión donde necesita revitalizarse públicamente y responder en la medida de sus capacidades. Hoy está dejando escapar las oportunidades.

No necesitamos unas siglas de pertenencia más que a nuestra propia empresa y defender nuestra propia marca. Pero lo que sí necesitamos de verdad es tan solo una persona dedicada a gestionar de verdad nuestros intereses colectivos de forma agrupada y en función de nuestra conveniencia.

Que cada cual compruebe la realidad a la que nos hemos sometido.

Después puede valorar a dónde va a parar el presupuesto que destina asociativamente y cómo este le repercute.

La conclusión inmediata es que seguramente con mucho menos y de forma colectiva se puede lograr mucho más y posteriormente ampliar dotaciones económicas en función de los logros.

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