Por Eduardo Tormo

Estoy en el coche camino de la oficina y escucho en la radio las declaraciones de cuatro pescadores americanos en referencia a la fuga de petróleo en el golfo de México. El primero afirma “deberemos trabajar más duramente”. El segundo indica “en estos momentos tenemos que unirnos y luchar duramente para detener la fuga”. El tercero, “nuestros ingresos se verán mermados y deberemos trabajar más, pero ahora lo más importante es ayudar a detener la fuga en la medida de nuestras posibilidades”. El cuarto, “nuestra profesión es dura, ahora lo será más, es la que hemos elegido y nuestro esfuerzo colectivo nos ayudará a superarlo”.

Finaliza el redactor comparando las reacciones de estos pescadores con las nuestras, con frases como: “cuando llegarán las ayudas”, “tienen que declarar zona catastrófica”, “cuál será el valor de mis subsidios”, “donde está el gobierno”, “no ha venido personalmente el presidente” y podríamos seguir por tantas y tantas frases y declaraciones que todos conocemos.

Visto este contexto es evidente por qué unos países se encuentran donde están y otros ocupan el lugar que ocupan. Todavía son muchos los españoles que están esperando y confiando que alguien venga a resolvernos nuestra situación. Estamos analizando el fantasma de la situación griega y repartiendo culpas de lo que no ha venido antes que esforzarnos y luchar conjuntamente hombro con hombro unos al lado de otros y no enfrentados permanentemente. Todavía no somos conscientes que depende de nosotros, sólo de cada uno de nosotros, nuestro destino. Pero también es cierto que es más fácil lamentarse.

Cualquier solución a los problemas que tenemos no es otra que trabajar. Trabajar duro asumiendo sacrificios y esfuerzos muy superiores a los que estamos acostumbrados posiblemente para conseguir menos que antes. Pero, en definitiva, no asumir lo que venga porque sí. Nuestra obligación es cambiar nuestro entorno cercano y hacerlo mejor día a día, y esto no es tarea de unos pocos, es tarea de todos. Y el que no esté dispuesto a esforzarse no tiene derecho a lamentarse. Porque, cuando la situación mejore, para muchos puede ser muy tarde si antes no se han puesto los medios. Y esto afecta tanto a los empresarios como a las personas.

Así, últimamente me pregunto que significa trabajar más y esforzarse más y no puedo dejar de recordar tiempos pasados, quizás por mi edad. A mí, y a otros muchos que conozco, siempre nos ha tocado trabajar intensamente con independencia de los tiempos que corran. Pero me doy cuenta que no es igual para todo el mundo.

Trabajar más es no recortar horarios y extenderlos lo que sea necesario cuando es preciso. Trabajar más es ponernos todos la camiseta de las empresas en las que permanecemos y sudarlas de verdad siendo creativos, imaginativos, exigentes y responsables. Trabajar más es tener vocación de servicio hacia lo que hacemos y sentido de responsabilidad hacia nuestro entorno. Trabajar más es enriquecernos personalmente con las labores que desarrollamos mediante el logro de la excelencia. Trabajar más es también mejorar lo mejorable con valentía y en la medida de nuestras posibilidades. Y es también ser prudentemente optimistas. Por último, si en última instancia nos va mal, moriremos con las botas puestas y con el orgullo de haber hecho todo lo que se debía sin doblegarnos ante los imperativos.

Y lo cierto es que en estos tiempos en los que las condiciones metereológicas son las que son, el barco España esta encontrando pocos pescadores con el talante necesario para salir a la mar.