¿Dónde están los hombres buenos de la franquicia? Esta es la pregunta que lanzaba Alfonso de Borbón hace escasos días. Con motivo de la celebración de una nueva edición de Expofranquicia mantuve una entrevista con su director en la que se lamentaba de que en tiempos duros nadie diera la cara por el sistema: “Parece que muchos empresarios de prestigio se han borrado de la franquicia. No opinan, no dicen nada, están encapsulados a la espera de que esto pase, pero se equivocan, es el momento de hacer cosas”, insistía con esa vehemencia contenida que le caracteriza.

No pude evitar recordar que unos días antes cinco empresarios o ejecutivos curtidos en el sistema se enredaran en similar pensamiento, en esta ocasión sobre la importancia de que el sector se haga oír con una única y clara voz en los círculos del poder. Pero recalco lo de enredar, porque antes de caer en este recurrente tema –aparece cada vez que se plantea una mínima reflexión sobre la franquicia–, estaban compartiendo con la revista ‘Franquicias Hoy’ sus opiniones sobre los efectos estructurales que esta larga crisis está teniendo en la forma de hacer franquicia. (Antes de continuar con el tema que nos ocupa, permítanme cerrar esta licencia publicitaria invitándoles a leer nuestro reportaje resumen sobre esta mesa redonda en el próximo número de abril. Pero lo prometido es deuda, vamos al tema sin más dilación).

Todos sabemos que una de las grandezas del sistema es su ductilidad para adaptarse a cualquier sector empresarial, lo que no teníamos tan claro es que en muchas ocasiones se convierte en un inesperado enemigo. También sabemos que “sálvese quien pueda” es uno de los mandamientos más útiles del mundo de la empresa, pero no somos tan conscientes de que cuando de dar la cara se trata, los grandes nombres del sector prefieren hacerlo mucho más por los problemas que atañen a su actividad, que por el sistema que les ha permitido construir sus imperios. Y es ahí donde estriba el problema.

Durante estos dos últimos largos años se echa de menos que alguno de esos prohombres de la franquicia (si alguien quiere feminizar el sustantivo puede hacerlo) se dejen oír. Quizá sus opiniones puedan servir para que Gobierno y Administraciones tomen en consideración este modelo para los múltiples planes de reactivación empresarial en que trabajan, siguiendo el ejemplo de la Comunidad andaluza en donde se destaca a la franquicia como una de las mejores fórmulas para modernizar el comercio tradicional.

En la citada mesa redonda, Emiliano Bermúdez insistía en que para desbloquear la situación en España “lo que hace falta es crear medio millón de pequeñas y medianas empresas”. Con estas palabras, Bermúdez –que vuelve a ganar visibilidad para el sector en su nueva etapa pilotando Donpiso– reivindicaba la figura de la franquicia “como hacedero de empresas”. Llevar este mensaje hasta la clase política es vital.

De ahí la importancia de que los grandes del sector aprovechen su auditorio para mojarse por la franquicia y sus comentarios sirvan para acelerar ese proceso de concienciación. Esa frase tan manida por los empresarios americanos de “devolver a la sociedad algo de lo que nos ha dado”, al margen de la RSC también se practica fomentando la cultura del emprendimiento.