Desde un tiempo a esta parte son demasiados los premios en la franquicia que se están otorgando, y siendo siempre un bien preciado para todos aquellos que los reciben, su abuso continuado hace que estos sean infravalorados y también poco reconocidos.

La concesión de un premio en un sector profesional tan amplio como el que nos ocupa debería suponer además un motivo de encuentro del sector, un hecho aglutinador de todos aquellos responsables y partícipes que forman parte del mismo y un motivo del que enorgullecerse.

Para ello, evidentemente su concesión debe acatar unos mínimos que deben ser siempre respetados y que, en mi modesta opinión, son estos, entre otros:

  • Un ente que los otorga y organiza con un determinado prestigio y reconocimiento.
  • Un acto público donde celebrarlos y en el que se ponga de manifiesto su relevancia ante un amplio público en el sector de actividad.
  • Unas bases y requisitos claros difundidos con antelación sobre la concesión de los mismos.
  • Un jurado suficientemente amplio, reconocido, respetado y con la necesaria neutralidad donde no se tengan presentes intereses partidarios, ni ninguno de sus miembros pueda resultar premiado directa o indirectamente.
  • Unas claras normas para los miembros del jurado.

La realidad es que en estos momentos, si atendemos los premios en la franquicia concedidos , nos daremos cuenta de que por la forma en que estos están siendo organizados y quienes los están recibiendo, estemos más cerca de una especie de mercadeo e intercambio de favores que de la concesión de unos premios que realmente lo merezcan, con las debidas excepciones y donde nada de lo expuesto anteriormente tiene lugar.

Cómo se conceden hoy los premios en la franquicia

En primer lugar, nos encontramos con una proliferación de las mal denominadas ferias y encuentros de relativa relevancia (muchas de ellas son encuentros comerciales) con múltiples celebraciones en diferentes fechas, además de las convencionales en Madrid y Valencia. En cada una de ellas se ha implantado un premio que no suele ir más allá de sus propios expositores e intereses de una parte de los miembros del jurado.

Cada uno de estos eventos decide promover un premio y nombra un jurado sin determinar y donde, de forma casi siempre habitual, participa la AEF como director del mismo, sin claras normas ni pautas definidas para los miembros del jurado.

No existe acto público más allá del propio encuentro para los propios premiados, que se aplauden entre ellos mismos junto a los organizadores.

Y lo que es más determinante, es que los propios miembros del jurado resultan siendo premiados por sí mismos, principalmente en las categorías “Premio elección libre del jurado” o “Persona o entidad más destacada”.

Estos premios en la franquicia, que son siempre de escasa relevancia, son posteriormente difundidos a través de los medios y las redes sociales casi como si correspondieran a la celebración de un gran evento y tratando de darles la notoriedad que en su momento no han tenido.

El resultado es una imagen generalizada de poca solvencia para este sector, donde sus principales protagonistas pasan a querer ser los premiados, dejándose de lado a múltiples empresas de reconocido prestigio y solvencia, mucho más centradas en el trabajo y en el esfuerzo diario, que sí los merecerían y mucho mejor nos representarían.

Otro día daré a conocer cómo se están vendiendo e intercambiando determinados premios en la franquicia, pero por hoy nada más. El papel de una asociación debe ser estar al servicio de los intereses de sus asociados, desde la discreción, y favorecerlos con fortaleza en sus múltiples necesidades. Ser fuerte donde debe serlo, que no es en la concesión de premios que desmerecen al sector, y ceder el protagonismo a sus empresarios. Si un gerente de la misma debe ser reconocido, deberá serlo internamente por sus asociados, a los que se debe. Cualquier reconocimiento público atañe siempre a su presidente, como empresario que es o debería ser, y a sus empresarios y no puede ser de otra manera.