Por Eduardo Tormo

Eduardo Tormo

Hoy me voy a salir de lo habitual en este blog. Me preguntan la relación entre el hecho de dirigir y la actividad física. Realmente no lo sé. Interpreto que cada uno de nosotros como persona, más allá de dirigir o no, debe encontrar su propio equilibrio personal. Para mí, la actividad física y sobre todo, aquella que me permite estar en contacto con la naturaleza me facilita dicho equilibrio. Añadiré más: la vida sedentaria que una gran mayoría de nosotros llevamos en nuestras oficinas, en mi caso me obliga a compensarla con actividad física.

Hace años que corro. Siempre me ha aportado una sensación interna de bienestar y lo que es más importante, me ha aportado un grado de disciplina personal insospechado.
Debo decir que no soy un obseso del deporte o de la actividad física, aunque considero necesaria la misma para nuestro equilibrio personal siempre que se practique en la medida de cada uno.

Antes corría mucho más que ahora. Estuve año y medio en paréntesis sin poder practicar ninguna actividad física, perdí toda mi musculatura, mi potencia y mi resistencia. La recuperé de forma lenta y gradual, paso a paso y con más voluntad que resultado. Hace ya tiempo que conseguí recuperar mis capacidades aunque no soy capaz de mantener el ritmo de antaño. Los años también pesan.

He aquí algunos pensamientos acerca del hecho de correr:
– Cuando corres luchas contra ti mismo y aprendes a disciplinarte.
– Te aporta fuerza emocional y psicológica.
– Es beneficioso para la salud.
– Nunca abandones antes de finalizar (salvo causas de fuerza mayor), no existen excusas y en muchas ocasiones es duro, muy duro continuar. Si empiezas, acabas. No hay más.
– Cada persona tiene su ritmo. Imponte tu propio ritmo. Y si en ocasiones has de andar no pasa nada.
– Hay días que tu cuerpo te pide más, déjate llevar.
– Hay días que es todo lo contrario. Supera los 10 primeros minutos y después todo rueda.
– Si te inicias plantéate tiempo, no velocidad. Lo importante es el fondo y este se adquiere poco a poco y de forma gradual.
– No te digas que no tienes tiempo, siempre lo hay y cada uno de nosotros somos responsables de nosotros mismos.

Yo corro con un GPS en el que introduzco mi tiempo y sé en todo momento la distancia y el promedio que llevo. También llevo mi iPod. El primero me ayuda a combatir la soledad, el segundo me produce sensación de bienestar. En ocasiones dudo si no es mejor escuchar la naturaleza como hago siempre en el mar, pero predomina la música.
No soy un gran corredor, aunque casi todos los días corro y sí soy constante.
Los sábados y domingos corro en el campo con “Lucas”, mi Beagle.

Mi ritmo no es alto, pero es constante: 8,5 kilómetros por hora en campo. Realizo siempre el mismo trayecto, en torno a 10,4 kilómetros y mi tiempo oscila entre 68 y 72 minutos. En ocasiones, suelo descansar andando ligero en alguna subida, no pasa nada, pero luego debo recuperar el ritmo medio que no puedo bajar. Entre semana corro en asfalto o en su defecto en casa. Mi ritmo es superior realizando en este caso 5,5 kilómetros entre 35 y 38 minutos. El ritmo se sitúa en torno a los 10 kilómetros por hora. Cuando practico en casa lo hago en una máquina de ejercicio aeróbico durante 45 minutos ininterrumpidos en un nivel de esfuerzo medio.

Bueno, es la primera vez que me abro en lo personal en este espacio. Todos aquellos que corráis o empecéis a hacerlo podéis dejar aquí vuestras opiniones y vuestros comentarios.