Por Eduardo A. Tormo

Uno de los temas recurrentes en las conversaciones de estas vacaciones y siempre en los momentos de confianza y relajación propios de la época ha sido, al igual que el año pasado, la situación económica y sobre todo las perspectivas empresariales.

Así, de esta forma hay quienes han iniciado o potenciado sus actividades en el exterior, incluso quienes van a trasladarse arriesgándose en otros países con más oportunidades, quienes van a invertir porque es la forma de seguir adelante, quienes entienden que las circunstancias han cambiado y no volverán a ser como antes aunque su día a día no ha variado, y algunos, pocos ya, resignados a esperar lo que venga.

La diferencia entre este verano y el anterior es la convicción generalizada de que el destino de cada uno esta en su propio esfuerzo. Lo más llamativo también es la convicción de que toca salir a comercializar y realizar un importante esfuerzo del conjunto de la empresa, no de unos pocos, en dichas labores.

No obstante, me quedo con una opinión marinera que compara los momentos actuales con la navegación. Así se expresaba: “Todo navegante de verdad se ha enfrentado alguna vez a una tempestad. Lo más importante en esos momentos y cuando se está lejos de tierra es mantener el barco a flote y para ello hace falta disminuir la superficie velica todo lo que sea necesario manteniendo condiciones de navegabilidad y sin perder la velocidad, adaptar el rumbo y no empeñarse en el original, alejarse de las costas, y por último no perder la calma pese a las condiciones. Si se maniobra de esta forma se gobernará y se dirigirá la embarcación. Y lo más importante de todo: las tempestades son duras, pero pasan”.

En el momento actual, son muchas las empresas que están en el día a día, finalizando agotadas un mes tras otro y rápidamente iniciando el siguiente. La proyección es a muy corto plazo porque hay que maniobrar en los tiempos que nos tocan. Comparando con el símil marinero estamos gobernando nuestras empresas plenamente adaptados a la tempestad, pero lo importante es no perder el gobierno de las mismas pese a las dificultades. Al final si no perdemos la calma y mantenemos nuestro esfuerzo la tempestad pasará. Mientras, no podemos dejar de gobernar o dejarnos arrastrar por las circunstancias porque éstas son más poderosas que nosotros. Lo más positivo de todo es que son muchas las empresas que se han sabido adaptarse a estas dificultades.

La conclusión a la que he llegado tras variadas conversaciones informales es que puedo asegurar que no sé lo que pasara mañana, pero sí sé que debo actuar hoy para controlar el espacio que me corresponde y que ésta es la mejor contribución que cada uno de nosotros podemos hacer.