Un suceso absurdo en una franquiciadora

24 feb, 2010

por Raúl Alonso

Sorprendido por su equivocación, el empresario volvió a marcar la extensión 122 de su secretaria desde el teléfono de su mesa. De nuevo José Luis, su director de Expansión, respondió solícito al otro lado de la línea. El empresario tuvo que disculparse una vez más por el error y de inmediato marcó la 176. “Seguro que Enrique puede explicarme qué le pasa a la centralita”, musitó. Pero por cuarta vez fue José Luis quien descolgó. Enfurecido, el empresario se levantó a buscar a su responsable de mantenimiento, pero al salir del despacho se quedó bloqueado: en lugar de llegar al escritorio de su secretaria, se había desplazado hasta el despacho de José Luis. Bloqueado por el insólito suceso, sólo pudo balbucear una disculpa y volver sobre sus pasos.

El empresario estaba desconcertado: marcara el número que marcara, contestaba José Luis; fuera donde fuera, siempre se topaba con José Luis. Desde que hacía casi 20 años, cuando empezó una aventura empresarial que le había llevado a levantar una red de franquicia con casi 70 tiendas, José Luis estaba allí. Era consciente de que una buena parte de su éxito se la debía a su extrovertido escudero pero ¿qué estaba pasando?, ¿había que cambiar algo?

“Demasiadas tensiones”, pensó. Tras meditar unos minutos decidió tomarse el día libre. De inmediato marcó el número de su mujer desde su móvil particular: “¿Qué es lo que quieres, Rodrigo, que no dejas de rondarme sin decirme nada?”, espetó de nuevo su director de Expansión. Rodrigo, el empresario, colgó. Estaba alucinado.

A los pocos segundos José Luis se presentó en su despacho sin previo anuncio: “¿Te encuentras bien?, ¿quieres decirme qué te pasa?”, preguntó sin ocultar su alarma.

Sin meditar, el empresario empezó a hablar y cuanto más hablaba más sereno se encontraba: “¿Verdad, José Luis, que estos tres años de crisis se ha reducido la red en más de un 30%?”. El director de Expansión confirmó con un rígido movimiento de cuello. El empresario se animó: “Se han salvado las tiendas que realmente generaban negocio”. Nueva contorsión de cuello de su empleado. “Estoy pensando que estos meses tan duros sí nos van a servir. Nos van a servir para no volver a abrir una unidad sin el pleno convencimiento de su viabilidad; sin la plena convicción de la capacidad y entrega del franquiciado; porque ya hemos aprendido que la cercanía entre tiendas sí canibaliza el negocio de las unidades más próximas, que los alquileres desmedidos peligran la viabilidad de las tiendas y los cierres pasan factura a la marca. Por fin hemos aprendido lo que siempre supimos: tu equipo de Expansión es el motor de la empresa pero la gasolina la pone el de Ventas”.

El empresario estaba ya completamente relajado, en presencia de su director de Expansión convocó una reunión para el día siguiente con la directora de franquicia y su jefe de producto: “Hay que dar un empujón al negocio desde cada uno de los mostradores de nuestras tiendas. Hay que crecer desde dentro”, repitió hasta tres veces.

Cuando se quedó solo sintió que algo había cambiado, que todo tiene explicación. El empresario cogió su teléfono y llamó a su mujer para tomarse el día libre. Esta vez sí fue ella quien respondió a su llamada.

Be different!

5 feb, 2010

por Raúl Alonso

“Creatividad significa no copiar”, leía ayer que esta frase que Ferran Adrià oyó al cocinero francés Jacques Maximin ha gobernado su ascenso al indiscutido número uno mundial de la restauración. A finales de 2004, en una entrevista me explicaba cómo entendía El Bulli desde que se hizo con los mandos de sus fogones. Reproduzco un párrafo de lo que publiqué en aquel momento: “Pensamos en hacer un restaurante lo más puro posible desde el aspecto gastronómico, si era rentable o no, no era lo prioritario. Para conseguirlo tuvimos que tener paciencia, esperar a que las cosas salieran. Más tarde se empezó a hablar de nosotros y ahora se puede hacer negocio alrededor de nuestra imagen, lo que sí era relativamente previsible si pensamos que alrededor de la alimentación se mueve el 22% del PIB español, y los restaurantes somos la punta del iceberg”.

Ahora, el anuncio de que Ferran Adriá hace un parón de dos años para cargar las pilas y trabajar en lo que será su nueva oferta culinaria a partir de 2014 se ha convertido en una noticia de impacto global, solo ensombrecida por su coincidencia con el lanzamiento del último juguete de otro gurú planetario: Steve Jobs con su iPad.

Ambos personajes comparten el don de ser únicos: ellos crean y los demás copian. Parece no importarles cuántas veces deban reinventarse hasta volver a dar con la técnica de cocción o la aplicación informática llamada a convertirse en motor de mercado de los siguientes años.

Y la pregunta es si la innovación es patrimonio exclusivo de estos inquietos cráneos. Yo estoy convencido de que no, de que hay demasiado empresario y ejecutivo más pendiente de lo que hace la competencia que de lo que puede hacer él, que sólo mueven ficha cuando creen que deben dar réplica a la decisión del vecino. Esta postura no sólo adormece cualquier atisbo de creatividad en sus organizaciones sino que da clara muestra de su cobardía.

Es verdad que en la vida real como en los negocios muchos cobardes demuestran una sorprendente capacidad de superviviencia, pero también que pocos de ellos tocan con sus dedos la satisfacción del trabajo bien hecho, del éxito.

En el mundo de la franquicia muchos conocemos a una serie de “empresarios” que asoman la cabeza cada vez que creen vislumbrar el último boom del sector, da igual que sea lanzando una agencia inmobiliaria, un servicio de Internet o una cadena de depilación. Impulsan marcas cegados por montarse en la cresta de la ola, pero la realidad se obceca en devolver sus proyectos a la arena de la playa. No aportan nada al mercado.

En esos momentos de gestión tan compleja y de decisiones tan conservadoras no debemos olvidarnos de que por difícil que sea, ser diferente, ser nosotros mismos, sigue siendo prioritario.

Los ingredientes del éxito

13 ene, 2010

por Raúl Alonso

Me invitan desde GoFranquicia.com a que abra mi propio espacio blog. Aunque llevo unas semanas haciéndome el remolón ha hecho mella en mi alma de periodista el cebo que me ofrecen cual manzana envenenada: poder escribir sobre el sector sin la rigidez que los cánones profesionales de la prensa tradicional deben mandar en una revista como Franquicias Hoy, espinoso tema sobre el que prometo hablar en un futuro.

No sería honesto omitir que también me inquieta saber qué puedo aportar a la cada vez más concurrida blogosfera sobre franquicia. Tengo claro que se me anticiparon notables pioneros –algunos con más fortuna que otros– pero antes de sumergirme en la que sin duda preveía como dolorosa reflexión, decidí hacer pase torero y ofrecer el miura a los internautas que a bien tengan detenerse en estos textos. Así que queda dicho: se agradecería mucho cualquier sugerencia sobre lo que se espera que pueda aportar en este espacio profesional un humilde periodista del sector de la franquicia. (Por si alguno cae en la tentación de mandar su comentario, advierto que serán mucho mejor recibidos los constructivos, ya que es desde esa perspectiva desde donde espero poder escribir).

Podría acabar aquí mi primer post pero, como no quiero que mis amigos de GoFranquicia.com piensen que sigo deshojando la margarita, quisiera compartir un pensamiento que me acompañaba hace unos días en el viaje de vuelta de una interesante visita a la central de La Tagliatella en Lleida.

A la chita callando, este grupo ya tiene 90 locales de sus diferentes marcas de restauración italiana pero lo que me rondaba la cabeza es que hubieran abierto 12 ‘tagliatellas’ en el pasado año, aún mnas cuando su concepto cuenta con una nada modesta inversión de 737.000 euros. Hasta donde conozco, en los 12 últimos meses su competencia apenas ha dado señales de actividad expansiva, y en algunos de los casos hablamos de los principales grupos de restauración organizada de este país.

“La comida italiana es un valor seguro para el español medio”. “Los locales de La Tagliatella cuentan con una cuidada decoración y excelente relación calidad/precio”. “Las cadenas más grandes han centrado su gestión en mantener el negocio de sus redes más que en el crecimiento”… Pero ninguna de las respuestas terminaba por convencerme, máxime cuando sus responsables aseguran que este año esperan repetir cifra de inauguraciones.

El traqueteo del AVE y el manto blanco que cubría Aragón invitaban a echar una cabezadita mientras me venían a la mente imágenes y comentarios de cuatro de los ejecutivos de la firma hablando de SU proyecto. Al final siempre hay que recurrir al catón de la franquicia (y de cualquier negocio): el saber hacer diferencial, sistematizable y reproducible, y los menos tangibles, ilusión y capacidad de trabajo, son imbatibles.

Debo confesarles que a la mañana siguiente los estragos de este inclemente invierno me mantuvieron con fiebre en la cama.