por Raúl Alonso

“Creatividad significa no copiar”, leía ayer que esta frase que Ferran Adrià oyó al cocinero francés Jacques Maximin ha gobernado su ascenso al indiscutido número uno mundial de la restauración. A finales de 2004, en una entrevista me explicaba cómo entendía El Bulli desde que se hizo con los mandos de sus fogones. Reproduzco un párrafo de lo que publiqué en aquel momento: “Pensamos en hacer un restaurante lo más puro posible desde el aspecto gastronómico, si era rentable o no, no era lo prioritario. Para conseguirlo tuvimos que tener paciencia, esperar a que las cosas salieran. Más tarde se empezó a hablar de nosotros y ahora se puede hacer negocio alrededor de nuestra imagen, lo que sí era relativamente previsible si pensamos que alrededor de la alimentación se mueve el 22% del PIB español, y los restaurantes somos la punta del iceberg”.

Ahora, el anuncio de que Ferran Adriá hace un parón de dos años para cargar las pilas y trabajar en lo que será su nueva oferta culinaria a partir de 2014 se ha convertido en una noticia de impacto global, solo ensombrecida por su coincidencia con el lanzamiento del último juguete de otro gurú planetario: Steve Jobs con su iPad.

Ambos personajes comparten el don de ser únicos: ellos crean y los demás copian. Parece no importarles cuántas veces deban reinventarse hasta volver a dar con la técnica de cocción o la aplicación informática llamada a convertirse en motor de mercado de los siguientes años.

Y la pregunta es si la innovación es patrimonio exclusivo de estos inquietos cráneos. Yo estoy convencido de que no, de que hay demasiado empresario y ejecutivo más pendiente de lo que hace la competencia que de lo que puede hacer él, que sólo mueven ficha cuando creen que deben dar réplica a la decisión del vecino. Esta postura no sólo adormece cualquier atisbo de creatividad en sus organizaciones sino que da clara muestra de su cobardía.

Es verdad que en la vida real como en los negocios muchos cobardes demuestran una sorprendente capacidad de superviviencia, pero también que pocos de ellos tocan con sus dedos la satisfacción del trabajo bien hecho, del éxito.

En el mundo de la franquicia muchos conocemos a una serie de “empresarios” que asoman la cabeza cada vez que creen vislumbrar el último boom del sector, da igual que sea lanzando una agencia inmobiliaria, un servicio de Internet o una cadena de depilación. Impulsan marcas cegados por montarse en la cresta de la ola, pero la realidad se obceca en devolver sus proyectos a la arena de la playa. No aportan nada al mercado.

En esos momentos de gestión tan compleja y de decisiones tan conservadoras no debemos olvidarnos de que por difícil que sea, ser diferente, ser nosotros mismos, sigue siendo prioritario.