Por Mario Rubio

Ha acabado el 2011. En mi falta de sentido común decidí acabarlo corriendo la San Silvestre vallecana por las calles de Madrid acompañado de mis hijos y amigos.

¡Qué falta de seriedad!, ¡Con la que está cayendo y nosotros corriendo! Como empresario responsable debo de hacer examen de conciencia y reconocer mi culpabilidad y responsabilidad por los tiempos que vivimos.

Me declaro culpable del haber vivido en un país sin políticas de apoyo al emprendedor. Me declaro culpable de sobrevivir en un país donde el emprendedor tiene enormes dificultades para obtener financiación. Me declaro culpable de vivir en un país donde el emprendedor tiene todo tipo de trabas administrativas para emprender. Me declaro culpable de que las calles comerciales estén vacías de compradores y de la bajada del consumo. Me declaro culpable de la falta de apoyo social al emprendedor. Me declaro culpable de que en nuestra marca trabajemos cerca de un centenar de personas con enorme sacrificio. Y por si hay alguna duda, me declaro solemnemente culpable de la muerte del torero Manolete.

Y a pesar de mi enorme responsabilidad con la situación del país, en las que nuestros gobernantes están eximidos de ella, pienso comenzar este nuevo año con alegría y ganas de superar la crisis.

Si usted me pregunta si vamos a salir de ésta, mi respuesta está en el catecismo del padre Astete: “Doctores tiene la iglesia”, y yo sólo soy uno, pobre e ignorante.

¡Feliz 2012!, y ánimo, que entre todos podemos.